Recorrido: el interior


La planta se caracteriza por un hueco central simétrico, al que se hace referencia en la fachada. A esta sustracción se contrapone el volumen escalonado del ático y a un curpo volumétrico asimétrico que solo afecta a la primera planta. Esta última funciona como galería y elemento de transición al jardín de la parte suroeste.   

La casa se contempla como una masa hermética donde los huecos casi nunca son directos. Los huecos de la planta baja tienen la misma altura que los muros de cierre.  El interior se presenta como un espacio privado y protegido. La escalera invita a pasar al espectador mostrando, en su debida medida, todas las partes de la casa y obstaculiza la visión de las partes más privadas de la vivienda. El interior se caracteriza por un impulso ascensional desde la escalera central hasta la organización interior. 

La escalera se presenta justo al entrar por la puerta, y nos invita a recorrer la casa por un camino muy marcado.  En un primer tramo hasta la primera planta, las escalera se ha realizado en mármol. En el segundo tramo, la escalera queda dividida en dos partes gracias a un cambio de material (de mármol a madera). Se podría considerar que este cambio viene dado por el paso de la entrada, con un material de mayor grandilocuencia, a la estancia más privada, el despacho, en un material más acogedor como es la madera.

El corredor puede considerarse prácticamente simétrico, y articula toda la planta dando acceso a las cuatro habitaciones a las dependencias de servicio. El pasillo acaba desembocando en los huecos centrales de las fachadas norte y sur, por lo que entra una gran cantidad de luz a la planta.


Siza se plantea la planta de la casa como dos cuadrados de lados 8 y 10 parcialmente superpuestos. Al trazar los ejes longitudinal y transversal del volumen rectangular principal, podemos observar que la escalera fue trazada en torno al eje transversal.





La cocina se presenta al entrar por la puerta principal y se utiliza a modo de mediación entre el interior y el exterior, y se caracteriza por la ausencia de mármoles de algún tipo en esa estancia.

La segunda planta, contenedora de dormitorios, marca un recorrido perfecto. Las cuatro habitaciones se disponen en las cuatro esquinas, con vestidores y baño, de doble acceso todos ellos. Esta es la planta en la que, el tramo que asciende se parte para el juego de luces, muy importante para Álvaro Siza.

Al subir por la escalera, la cual capta toda la atención de la casa, y en torno a la que se desarrolla el edificio; nos encontraremos de frente un ventanal con forma de pirámide truncada que nos permite avanzar hacia ambos lados para mostrarnos dos espacios de trabajo. 
En cuanto a los materiales generales, las carpinterías son en madera esmaltada y  también se emplea mucho el  mármol blanco y rosa.

El interior de la casa se distibuye en 3 plantas. La planta baja divide 132m2 en una cocina con lavadero, una sala de estar, un dormitorio y dos aseos. En el cuerpo que sobresale se sitúan un garaje y un trastero, que no llegaron a llevarse a cabo.
Desde la entrada, lo que más nos llama la atención es la escalera en diagonal, que se inclina hacia nosotros para invitarnos a subir. En una segunda mirada podemos observar dos ventanales que nos flanquean, y un primer espacio a la derecha, que sería un baño. Al fondo a la izquierda podemos encontrar una amplia sala común con vistas al patio, y a la derecha, con las mismas vistas, una cocina con lavadero, y unos amplios ventanales que dejan pasar la luz. 

Conducidos por unas escaleras, subimos hasta el segundo piso, con un total de 113m2 útiles, donde podremos ver 4 dormitorios, situados uno en cada esquina de la casa, con su vestidor y su baño, conectados, y de doble acceso cada uno.   

En esta planta nos encontramos con un dormitorio en cada esquina. En la transición de la planta baja a la primera, nos vemos enfrentados a un tercer tramo de escalera que nos lleva a la planta superior o ático. Sobre la cocina, en esta planta tenemos un balcón al que se accede por un corredor simétrico.

En el tercer y último tramo de la escalera, el cual se parte en dos, con  un cambio de materiales (de marmol a madera, para favorecer el sentimiento de comfort), es el que nos conduce a la última parte de esta edificación. Al llegar a la cumbre, lo primero que nos encontramos es un cuerpo con forma de pirámide truncada que deja pasar luz a traves de un ventanal, y es la expresión interna de un hueco que delimita la entrada en la fachada. A los lados, se nos abren dos espacios perfectamente útiles, que nos servirán de despacho y biblioteca, y que conforman un total de 74m2.



La mansarda curva del despacho, gracias a sus tres caras acristaladas, logra que entre luz en todas direcciones, creando un espacio luminoso y acogedor.

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